LLegamos a Geiranger, pequeño pueblecito con dedicación casi exclusiva al turismo. Una preciosa cascada, que casi se nos pasa inadvertida de tantas como han llenado nuestros ojos, discurre por la ladera del valle. Nos dirigimos al embarcadero del ferry que nos llevará desde Geiranger hasta Hellesylt, por un brazo del Nordfjord. La perspectiva del fiordo es encantadora.
Es curioso ver cómo el barco levanta su proa para engullir los coches que también transportará en su bodega.
Una vez le explicamos en un rudimentario inglés que vamos los tres y que queremos billete de ida y vuelta nos acomodamos en la cubierta después de tomar un chocolate calentito en el salón del ferry. Téngase en cuenta que la temperatura es de unos 10º y el aire refresca mucho el ambiente.
El barco se pone en marcha y la imágenes hablan por sí solas.