LLegamos al pie del glaciar tras recorrer una pequeña pista de peaje de buena voluntad, la confianza de estas gentes en la buena fe de los que pasamos nos muestra una barrera levantada y unas instrucciones para que depositemos el peaje en un buzón colocado allí a tal efecto.
Tras esperar un ratito un pequeño barco nos llevó hasta casi el pie de la lengua del glaciar y media horita después estábamos atados a una cordada con los krampones puestos en los pies. Los primeros pasos resultaron algo inestables pero poco a poco olvidamos nuestros algo torpes pies para centrarnos en lo que nos rodeaba. Nunca el hielo de un glaciar se nos había aparecido tan azul. Al final de esta entrada os hemos dejado un video que no es nada espectacular pero os acerca un poco la sensación.