Cuando la senda, cuyas indicaciones se han casi borrado por la dureza del clima, se siente casi indefinida, cuando tienes la sensación de pequeñez ante lo observado, cuando te rodea la quietud, ese momento, en que sólo escuchas los sonidos de la naturaleza, compensa el cansancio, la dificultad, el barro, los riachuelos que cruzar, las piedras, el viento, el frío...
Nuestra ruta a Bergsetbreen es uno de esos momentos.
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